El inventor del Súper Dulce de Leche que hoy regala 1.500 kilos de helado

Se llama Daniel Paradiso y, desde hace tres años, proclamó al 4 de octubre como "el día del helado". Y lo festeja ofreciendo una tacita gratis en sus 35 heladerías.


Las comidas familiares en la casa de Daniel Paradiso eran los lunes. En horario laboral para la mayoría de la gente, Paradiso, sus padres, su mujer y sus hijas se reunían alrededor de una mesa. Vivían a la inversa: trabajaban sábados y domingos, hacían el clásico almuerzo del domingo en lunes. En una de esas comidas, 26 años atrás, a Paradiso se le ocurrió abrir la heladera, sacar un pote de dulce de leche y mezclarlo con el kilo de helado de dulce de leche que estaban por comer. Así, dice, nació el sabor Súper Dulce de Leche.

“Tuve que encontrar un dulce que no llorara”, dice el inventor Paradiso, dueño desde hace 39 años de la heladería que lleva su nombre, Daniel. Un dulce de leche que no llorara se traduce en que no se derritiera. “También -sigue- debía competir con el helado. Tenía que ser agresivo, más intenso. Ligero pero no tanto como una salsa”.

Entre el Súper Dulce de Leche y muchos otros sabores podrán elegir mañana quienes se acerquen de 15 a 19 a cualquiera de sus 35 sucursales. Por el día del helado -una efeméride impuesta por Paradiso- los clientes tendrán una tacita gratis. Durante esas cuatro horas prometen repartir 1.500 kilos de helado (una tonelada y media). Más que el año anterior, que el anterior y el anterior: es la tercera vez que lo hacen.
Paradiso se reconoce maestro heladero. Y enumera con orgullo otros gustos que también salieron de su inventiva: alfajor de chocolate (en honor al Havanna marplatense), Danicol (con sabor a Mantecol), Nuteca (base de chocolate, vainillas en licor y nutella) y Delicias de la Isla, hecho con nueces y ciruelas del Delta, en homenaje a las islas de la Segunda y Tercera sección de San Fernando. Ahí, más exactamente en un garaje de la localidad de Victoria, nació su primera heladería. La levantó a los 19 años, cuando ya tenía seis de oficio. Su padre, carpintero, le construyó el mostrador. Luego él también atendería al público. Paradiso otra vez a la inversa: el hijo sumó al padre a su empresa.

"Toda la década del '80 fue de aprendizaje. Me sumaba a cualquier exposición, charla, muestra que había. Si alguna marca traía un heladero italiano, ahí estaba yo", dice. Llegó al negocio a sus 13 años, buscando un trabajo durante las vacaciones de verano. Entonces era un estudiante de un colegio industrial de San Isidro. "El paso por la escuela técnica fue crucial. Me dio nociones de química y física; capacidad para entender el funcionamiento de las máquinas; también un método para pensar".

En 2008, cuando el primer local -aquel garaje- cumplió 30 años, ofreció un sabor distinto por semana. Uno más disímil que el otro, el más extremo: helado de chizito. "Era rico pero lo discontinuamos. El paladar argentino tiene una regla: la combinación chocolate, dulce de leche y frío siempre -lo pronuncia como si fueran mayúsculas- es exitosa". El año pasado, la última vez que habló con Clarín, buscaba al creador de la crema del cielo. Todavía no lo encontró. "Detrás hay alguien muy creativo. Seguro fue un argentino".

Fuente: clarín.com  Por: María Belén Etchenique

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